Del 24 al 26 de enero nos fuimos a pasar el fin de semana a uno de nuestros lugares preferidos. El albergue del COLLADITO, en Miraflores de la sierra.  Gracias al conocimiento y a la experiencia que tienen de nosotros, nos permiten utilizar a nuestro agrado las instalaciones de las que disponen. Con un salón con bastante espacio, planificamos un fin de semana repleto de actividades, juegos y talleres donde los chicos pueden disfrutar en un entorno distendido y repleto de acción.

Siempre llegamos a las 20:00 de la tarde. Nada más llegar, nuestros chic@s, con ayuda de los monitores asignados, van preparando las habitaciones y dejan todo preparado para crear un clima acogedor y agradable.

Después de dejar todo preparado, llega la hora de cenar. ¡Comienza el festín!. Con un equipo de cocineros que ya nos conocen, preparan unos manjares exquisitos que sin duda, llegan al fondo de nuestros estómagos, haciendo de la cena una gran celebración.

Tras la cena, llega la preparación de la velada nocturna, donde disfrutamos de una pequeña velada donde la interacción con los demás es la base principal.

Llega la hora de dormir, algun@ se desvela y pide mimos, pero luego entramos en un plácido sueño que se alarga durante la noche.

Buenos diasssssssssss, comienza un emocionante día.

 

Tras una ducha, llega la hora de desayunar. Hay que coger fuerza para el gran sábado.

Una vez listos, nos aventuramos a hacer nuestra ruta preparada y planificada por los monitores. Adecuada al perfil de nuestros chicos, disfrutamos de la senda llena de diferentes árboles, animales, sonidos y colores que nos ofrece la naturaleza. Un paseo matutino que termina con un merecido aperitivo entre rocas y laderas. Ahora, toca volver al albergue para una buena comilona.

Pero, aquí no acaba el día. Aprovechado las horas de luz, volvemos a nuestro querido camino para disfrutar de la preciosa tarde que tenemos por delante. Una ruta sencilla que nos lleva hasta un merendero con vistas a un pantano que se aleja en el horizonte. Un lugar perfecto para disfrutar de una merienda. ¡Y QUE RICA LA MERIENDA!!!

Toca volver al albergue y descansar un poco. Con juegos, pelotas, puzles, música y talleres manuales, vamos al comedor a alimentarnos. Los cocineros hacen que la cena sea deliciosa.

Algunos cansados, no tardan mucho en dormir. Otros más guerreros, aprovechan la distancia de la familia para disfrutar de una velada nocturna que poco a poco, termina en un gran sueño.

Y llega el domingo, ésta vez la lluvia y la niebla nos acompañan. El bosque tiene otro encanto, otra sensación, y, la disfrutamos al máximo.

Como había probabilidades de que cayese el diluvio universal, decidimos hacer una senda liviana y corta, llegando a un hermoso rio. Al ser domingo, otros exploradores nos acompañan en el camino. Un lugar hermoso para compartir con el resto del mundo.

A comer se ha dicho, y a comer se ha hecho.

Llega la hora de partir, nuestro autobús nos espera fuera con el acelerador preparado para la vuelta a casa. Entonando canciones y música, volvemos a casa. Emocionados con el gran fin de semana y con ganas de ver a los papis, llegamos a nuestro destino con ilusión y ganas de que, el siguiente respiro familiar sea igual o mejor.

NOS VEMOS A LA PRÓXIMA