Trastorno del Espectro del Autismo – TEA

El TEA es un trastorno de origen neurobiológico que afecta a la configuración del sistema nervioso y funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades para comunicar socialmente e interactuar con las personas.

(Hablamos de espectro porque comprende a un grupo de trastornos y de manifestaciones clínicas que, aunque comparten un núcleo común, muestran una gran variabilidad de conductas y expresiones).

También se asocia a un patrón rígido y repetitivo de intereses, actividades y comportamientos que influyen en la capacidad de la persona para adaptarse de manera flexible a las demandas cambiantes de su entorno.

En algunos casos pueden darse  respuestas  de hiper o hiporeactividad a estímulos sensoriales del entorno por alteraciones en el procesamiento e integración de estímulos sensoriales.

O movimientos motores, uso de objetos o habla estereotipados o repetitivos. Dificultades para adaptarse a situaciones nuevas o al cambio de rutinas.

Acompaña a la persona durante toda su vida, aunque cada persona del espectro del autismo es diferente y puede presentar  una variedad de síntomas que pueden manifestarse de diferentes maneras a lo largo de su ciclo vital.

 La gravedad del autismo varia de unas personas a otras y hay casos en que el autismo puede ir acompañado de discapacidad intelectual, epilepsia, TDAH, trastornos alimenticios, tics, trastornos obsesivos compulsivos y trastornos afectivos.

¿Cuál es su origen?

Aunque no se conocen las causas exactas, si se manifiesta una causa multigénica que implica una interacción compleja entre genes, las características especificas del ambiente en el que se expresan y el azar.

 El número de personas con diagnostico de autismo ha aumentado significativamente en los últimas décadas. Y se estima que al menos el 1% de la población puede formar parte del espectro del autismo.

Y en una proporción de uno por cada cuatro.

 Aunque el autismo afecta a la mayor parte de las personas desde el nacimiento, al no lleva ningún rasgo físico diferenciador, no podemos detectarlo hasta que empieza a manifestarse a través de la observación del comportamiento y de ciertas competencias cognitivas. Los síntomas aparecen a lo largo de los dos primeros años de vida:

Es necesario activar proceso de detección y diagnóstico  si se detectan estos signos:

  • No dirige grandes sonrisas o expresiones de gozo al adulto a los 6 meses.
  • No intercambia sonidos, sonrisa o expresiones faciales desde los 9 meses.
  • No balbucea a los 9 meses.
  • No hace gestos (señalar, decir adiós con la mano, etc.) a los 12 meses.
  • No dice palabras sencillas a los 16 meses.
  • No dice frases espontáneas de 2 palabras (no ecolálicas) a los 24 meses.
  • No tiene juego simbólico a los 18 meses.
  • CUALQUIER pérdida en CUALQUIER área (lenguaje o habilidad social) a CUALQUIER edad.

 La detección y la intervención tempranas mejoran notablemente el pronóstico de la persona con TEA.

El conocimiento de las necesidades específicas de cada persona es fundamental para iniciar un programa educativo de intervención individualizado, estructurado, sistemático, que incluya  las inquietudes de la familia y  comparta los objetivos de tratamiento con ella.

La educación es la mejor intervención que podemos ofrecer a las personas con TEA.  

Los diferentes servicios y prácticas psicoeducativas educativas estarán centrados en las necesidades de apoyo de cada persona con TEA para influir de manera importante en su desarrollo personal, su calidad de vida e inclusión social a través de programas individualizados.